Vigilias, umbrales y fauna de madrugada
Es un callejón en sombras, el camino único de los méndigos, de los ladrones y de los amantes furtivos.
Es la niebla estancada que difumina las formas, la misma que esconde a los cobardes e inspira a los valientes.
Es la luna pálida, que observa como testigo las hazañas y las vilezas por igual.
Es todo ello y también es el respiro de un abrazo dado a tiempo, que vence la barreras del dolor y quiebra el nudo en la garganta. Está en los labios fruncidos del que intenta contenerse, está en la lágrima que rueda por su rostro.
Es el refugio de aquellos, que al caer la noche, no sienten el sueño y se entregan al insomnio, buscando un lugar donde saciar la sed y sobrevivir la madrugada, para esconderse al alba y esperar, otro día mas, el consuelo del ocaso y el refugio de la noche.
