<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title>Los Desvelados</title><description>Vigilias, umbrales y fauna de madrugada.</description><link>https://www.losdesvelados.net</link><item><title>Una cueva en el fin del mundo</title><link>https://www.losdesvelados.net/cuentos/una-cueva-en-el-fin-del-mundo</link><guid isPermaLink="true">https://www.losdesvelados.net/cuentos/una-cueva-en-el-fin-del-mundo</guid><description>Un hombre llega a una cueva y encuentra a un robot y al cadáver de una persona. Estos pensaban que eran los últimos supervivientes del mundo pero no era así.</description><pubDate>Sun, 18 Oct 2026 00:00:00 GMT</pubDate><content:encoded>&lt;article&gt;&lt;p&gt;La cueva era oscura y húmeda. El hombre calentaba sus manos cerca de un pequeño fuego mientras la lluvia caía a cantaros fuera. Su acompañante lo miraba fijamente, con sus dos ojos azules.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-¿Era muy querido para vos? -preguntó. El robot le sostuvo la mirada sin parpadear y sin contestar su pregunta. Por un segundo, desvió la mirada hacia el fondo de la cueva, donde yacía un gran bulto envuelto en una tela gris.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Supongo que sí lo era. Gracias por dejarme pasar el rato acá, si esa lluvia me hubiera agarrado a la intemperie me habría pescado un fuerte resfriado- dijo el hombre sonriendo. El robot asintió y le pasó un plato de latón, con un trozo de carne y dos panes pequeños. El hombre continuó hablando mientras masticaba:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Vi la huerta que cultivás ahí afuera, una maravilla ver tanta comida por estos días, no esperaba encontrar vivo a ningún botánico. Y este pan es una maravilla, es increíble los resultados que se obtienen cuando se amasa con ganas…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El hombre siguió con su letanía, pero el robot ya no lo escuchaba y buscaba algo dentro de un gran bolso. Cuando el invitado se percató de esto, el robot sacaba de la mochila un artefacto pequeño y se lo tendía sobre la palma, perfectamente extendida. El hombre lo agarró. Era una grabadora de voz, de las antiguas, a baterías. El robot hizo un ademán y asintió con la cabeza y el invitado oprimió el botón de reproducción. Luego de un leve sonido de estática, se hizo reconocible la voz cambiante de un adolescente:&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Grabo este mensaje sabiendo que mis días están contados y que Tuerca cuidará de esta grabadora en los días venideros. Su reproductor de voz está dañado y no tengo los conocimientos para repararlo, pero pueden confiar en él, es un gran hombre. Lo conocí cuando era un niño y viajamos juntos por incontables lugares, superando miles de obstáculos. Me cuidó durante muchos años y lo hará hasta el último de mis días, porque cultivamos una hermosa amistad. Su propósito siempre fue proteger a los humanos, posee un gran corazón. Tengo razones y pruebas suficientes para creer que soy el último humano vivo en el planeta. En todos estos años, no he visto ni a uno de los nuestros. Venimos del norte, siguiendo el rumor de un asentamiento cerca de la frontera, en el sur. Este quizás sea el último mensaje de la humanidad en este mundo. No deseo que sea solemne, sino útil. Quiero creer que hasta el último de nosotros puede ser una buena persona.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p&gt;Los ojos del robot estaban fijados en los del hombre y lo miraban intensamente. El hombre, con la mirada clavada en el suelo, asintió varias veces, antes de elevarla, con la aflicción marcada en el rostro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Lo siento mucho…Tuerca. -sonrió levemente- Bonito nombre. Pero… tu amigo estaba equivocado, evidentemente. No es el último humano, en realidad, quedamos bastantes. Existe el asentamiento, a unos trescientos kilómetros de acá. Ahí es a donde me dirijo. Si así lo deseás, podés acompañarme-. El robot dirigió la mirada hacia el bulto del fondo y negó despacio con la cabeza. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;-De acuerdo-dijo el hombre, levantándose del suelo- dado que la lluvia está menguando, voy a continuar mi camino-. El robot se paró rápidamente y lo cogió del brazo, leve pero firmemente. Miro rápidamente al cuerpo y luego al hombre, varias veces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Esta bien, te voy a ayudar, pero después me voy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El robot le soltó el brazo y sonrió. Juntos caminaron hacia el fondo de la cueva y estiraron el cuerpo. Sin hablar, comenzaron a juntar piedras. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mientras apilaba piedras sobre las piernas del muerto, el hombre le revisó disimuladamente los bolsillos, y en ellos encontró un pequeño colgante, con una medalla. En ella, estaba inscripto el nombre &lt;em&gt;Pablo.&lt;/em&gt; Como no supo que decir, prefirió no decir nada. Al cabo de unos minutos, el trabajo estaba casi terminado y se acercaba el momento de despedirse. Buscando reconfortar al robot, el hombre dijo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Mira Tuerca, la verdad es que Pablo parecía un buen chico– al robot se le escapó la piedra que tenía en las manos y dejo escapar un ruido parecido a un suspiro. Se alejó hacia el fuego y se sentó en el suelo, mirando fijamente las llamas. El hombre lo siguió, dubitativo, y se sentó a su lado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Escuchame, Tuerca- le dijo, y sonriendo continuó- creo que es demasiado tarde para volver al camino, me gustaría pasar la noche acá si no te molesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los ojos azules se posaron en él y el robot hizo un ademán afirmativo. No volvieron a hablar esa noche, ya que el hombre cayó preso del sueño rápidamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los tibios rayos de sol del otoño despertaron al hombre muy entrada la mañana. No había señales del robot en la cueva, por lo que prosiguió a recoger sus cosas y marcharse. Antes de irse, dejo el colgante de Pablo sobre su tumba de piedras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al salir de la cueva, encontró al robot de cuclillas, trabajando en la huerta. Al escuchar sus pisadas, este se paró y lo miró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Gracias por tu hospitalidad, Tuerca. Ha sido un verdadero placer ayudarte a despedir a tu amigo -sonriendo continuó- me llamo Lorenzo, por cierto-. Le tendió una mano al robot, quien se la estrechó lentamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin dejar de sonreír, palmeó al robot en el hombro, se dio la vuelta y emprendió su camino, siguiendo un pequeño riachuelo que fluía a un costado de la colina donde se encontraba la cueva. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;A pesar de que nunca miró hacia atrás, Lorenzo supo que había dos ojos fijados en su espalda, todavía al costado de la huerta, exactamente en el mismo lugar que los había dejado.&lt;/p&gt;&lt;/article&gt;</content:encoded><dc:creator>Juan</dc:creator></item><item><title>El Prisionero</title><link>https://www.losdesvelados.net/cuentos/el-prisionero</link><guid isPermaLink="true">https://www.losdesvelados.net/cuentos/el-prisionero</guid><description>Toda su vida ha sido un prisionero. Hoy hay clima de fiesta, y su captor le dice que por fin le llegó el día de ser una estrella.</description><pubDate>Wed, 14 Oct 2026 00:00:00 GMT</pubDate><content:encoded>&lt;article&gt;&lt;p&gt;Toda mi vida he sido un prisionero. Toda mi vida he vivido en el mismo sitio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se donde nací, aunque me gustaría no saberlo, se dónde crecí, aunque me gustaría olvidarlo y se donde vivo, aunque sueño para evitar mirarlo. Y es esta, mi mente, la que más daño provoca. A fin de cuentas, ¿Qué causa más dolor, un golpe con una vara de madera en la espalda, o soñar que uno corre por la llanura mientras esto ocurre? Créanme, he sufrido ambas y sé perfectamente cual es peor. Uno deja de existir como un ser completo en el momento en que su propia mente lo traiciona. Por ello no pierdo mi norte, por eso todavía no he roto la brújula. Entiendo mi situación: mi celda es mi realidad y mi cielo es de hierro oxidado.&lt;/p&gt;&lt;hr&gt;&lt;p&gt;Hoy es un día soleado. En esta clase de días mi captor suele llevarme al patio. Odio ese patio aún más que mi celda. Es el lugar donde se humilla a todos los prisioneros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me hacen correr de un lado para el otro mientras me golpean, &lt;em&gt;hacen&lt;/em&gt;, plural, porque mi captor nunca está solo, siempre tiene muchos amigos. Ellos celebran y vitorean cada humillación, cada caída al suelo y cada vez que me levanto con el rostro enlodado y el alma quebrada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me produce mucha pena estar solo porque no siempre ha sido así. Por un tiempo tuve un amigo. Me gusta recordarlo así, como mi amigo, a pesar de que no hablamos mucho. Al fin y al cabo, los dos nos reconfortábamos en silencio el uno al otro, sabiendo que compartida, la carga se hacía más liviana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un día, llevaron a mi amigo al patio. Lo tuvieron allí durante horas, mucho más tiempo del normal. Ese día había muchos extraños y gritaban con cientos de voces asustando a mi compañero, que se defendía mientras las lágrimas corrían por su rostro. Su sufrimiento se alargó hasta el atardecer y cuando el sol acarició el horizonte, su fuego se agotó. Cayó al suelo desplomado y el captor lo remató. Los amigos gritaron desenfrenados, algunos se pararon y aplaudieron. Y entre risas, abandonaron el lugar. Otro grupo se llevó el cuerpo de mi amigo y nunca más lo volví a ver.&lt;/p&gt;&lt;hr&gt;&lt;p&gt;Se huele en el aire. Hay clima de fiesta. Hace días que no me alimentan, ni que veo a mi captor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mientras sueño con imágenes de bosques que nunca conocí, se abre mi celda y entra mi captor. “&lt;em&gt;Ha llegado tu día de ser una estrella pequeño&lt;/em&gt;” escupe, con una sonrisa. “&lt;em&gt;Brinda un buen espectáculo, se un buen chico&lt;/em&gt;”. Palmea mi espalda, y hace señas para que me lleven al patio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el patio hay muchos amigos. Más que nunca. Todos me señalan y aplauden. Parece que soy la estrella después de todo. Mi captor hace su entrada, vestido con sus mejores ropas. Y de un bolsillo, saca el trapo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El maldito trapo. Cuando era pequeño, el hombre tapaba mis ojos con el trapo y aullaba, aterrorizándome. Y el muy descarado lo muestra ahora, para darme una última lección de humildad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando aquel desgraciado agita el trapo, algo en mí se rompe. Esa mofa tan obvia, acompañada de aquella sonrisa fría, me hace recordar todo de golpe.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Corro e intento abalanzarme sobre él, pero él me elude fácilmente y me palmea en la cabeza, arrancando una oleada de risas de nuestro público. Esto solo logra enfurecerme, y, girando en redondo, corro hacia él una vez más. Esta vez logro tocarlo y veo un atisbo de miedo en su rostro, que logra disimular bien con otra sonrisa falsa. Lo miro sin sonreír y me acerco lentamente. Rápido como un látigo el me abofetea y yo caigo de rodillas y en ese momento, siento el frío recorrer mi espalda, y el dolor, punzante, del acero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Con el puñal todavía en mi espalda, me acerco a mi captor, con pasos medidos. Con cada paso que doy en la arena, mi mente se aleja un paso más de aquel lugar y se acerca al bosque y la pradera. Al tercer paso caigo de rodillas y miro hacia delante. Ante mí, el verde de los árboles, detrás mío, el amanecer anaranjado. Dejo caer una lágrima y comienzo a reírme. Unos momentos después, llega el segundo puñal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El matador, mira horrorizado el cuerpo sin vida de un toro que le sonríe, haciéndolo cómplice de la broma más perturbadora que haya presenciado en su vida.&lt;/p&gt;&lt;/article&gt;</content:encoded><dc:creator>Juan</dc:creator></item><item><title>El vigilante</title><link>https://www.losdesvelados.net/cuentos/el-vigilante</link><guid isPermaLink="true">https://www.losdesvelados.net/cuentos/el-vigilante</guid><description>Un héroe de la primera guerra viaja a Moscú con un viejo revólver, convencido de que un solo hombre puede cambiar el curso de la guerra.</description><pubDate>Wed, 14 Oct 2026 00:00:00 GMT</pubDate><content:encoded>&lt;article&gt;&lt;h2 id=&quot;1-grisha&quot;&gt;1: Grisha.&lt;/h2&gt;&lt;p&gt;Se levantó rápidamente del sillón y apagó el televisor de un manotazo en el momento en el que el mariscal de defensa terminaba su conferencia. Cerró las manos formando dos puños apretados e inspiró con fuerza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las dudas lo atacaban constantemente hacía meses. Eje, aliados, ¿Quién tenía la razón? ¿A quiénes debía apoyar su patria? ¿Era correcta la decisión de su gobierno de apoyar a los aliados?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se colocó su abrigo de cuero, y salió de la cabaña en la que vivía. Afuera, una tibia nevada indicaba que terminaba el invierno. Encendiendo un cigarrillo, recordó que en la guerra civil no había dudado. Se había enlistado en el primer llamado y luchó con bravura los dos años que pasó en el frente. Se había ganado el respeto de su país y con ello un par de medallas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Caminó las dos cuadras que lo separaban del bar y al llegar pidió un trago. Necesitaba pensar y el bar era un buen lugar para ello. O tan bueno como cualquier otro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pasó toda la noche hundido en la barra y en sus propios pensamientos y por la mañana ya había tomado una decisión: sus antiguos ideales estaban equivocados y los nuevos objetivos de su gobierno también. Resolvió que su participación en la gran guerra había contribuido a la errónea victoria de un régimen que no lo merecía y que dependía de él mismo enmendar sus errores. Sonrió todo el camino hacia su casa y silbó por primera vez en años. Luego de un largo tiempo, su vida volvía a tener un propósito. No recordaba lo mucho que le gustaba silbar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Despertó al día siguiente sin un rastro de resaca y con la mente afilada realizó una lista de los elementos que iba a necesitar. Guardó todo en una mochila y salió afuera. Antes de partir, recordó que guardaba su viejo revólver en el sótano y corrió a buscarlo. El camino hacia Moscú era largo y le llevaría varios días. Y una vez allí nadie sabía que peligros podían acechar. Además, tenía un ministro que eliminar y un revólver ayudaba bastante.&lt;/p&gt;&lt;h2 id=&quot;2-descenso&quot;&gt;2: Descenso.&lt;/h2&gt;&lt;p&gt;—¡Hace un día hermoso camarada! Apenas nieva-. El granjero le sonrió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Gracias por llevarme camarada, pensé que nadie me levantaría- contestó Grisha y completó–hace un día hermoso en verdad, comienza la primavera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El granjero viajaba a Moscú con un cargamento de papas y acordaron que Grisha no pagaría si lo ayudaba a descargar su mercancía. El recorrido fue agradable y el granjero era buena compañía, pero Grisha no pudo disfrutar del viaje. No tenía intenciones de ayudar al granjero, ya que él tenía un propósito mayor. Su gesta sería la única paga que recibiría aquel hombre y era más que suficiente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llegaron a la capital dos días más tarde. Recorrieron las sinuosas calles de una ciudad que evidenciaba la guerra. Había destacamentos militares en todas las cuadras y miles de soldados preparaban sus bolsos para partir hacia el frente. Grisha dedujo que las noticias de las recientes victorias eran ciertas y que el país preparaba la contraofensiva. Esto solo echaba más peso sobre sus hombros. Debía tener éxito a toda costa ya que el futuro de la guerra aguardaba en el cañón de su revólver.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En algún momento del recorrido, Grisha saltó del camión en movimiento y se escabulló entre la muchedumbre. Salió a parar a un callejón húmedo, donde decidió frenar a recuperar la calma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se descolgó el equipaje, lo apoyó en el suelo y se dejó caer lentamente mientras tomaba grandes bocanadas de aire. No logró enfocar la sombra que le arrebató la mochila, pero aun así salió disparado tras ella. La persiguió entre las sinuosas callejuelas con el cuchillo en la mano y a la vuelta de una esquina logró atraparla. Enterró el cuchillo en el vientre de la sombra mientras dejaba escapar un grito de furia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un grito que pronto se transformó en lamento, al visualizar la frágil contextura de un niño desangrándose en el suelo. Grisha retiró el cuchillo y lo limpió en la remera del niño. Pensando frenéticamente, se dispuso a esconder el cuerpo. Sabía que nadie lo había visto por lo que su misión no se veía comprometida. Miró a su alrededor y notó que se encontraba en el callejón más húmedo y oscuro que había visto en su vida, y que, además, estaba lleno de basura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se tomó un buen tiempo para esconder el cuerpo en la oscuridad absoluta de aquel hueco perdido entre los edificios. Hueco en el cual el sol se negó a entrar para no validar ese acto con sus rayos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un par de horas más tarde, ya había logrado escapar de las laberínticas calles de la ciudad profunda y se hallaba ante el Ministerio de Trabajo y Defensa. Cruzó la avenida y se encaminó hacia el gigante de concreto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dentro del edificio, se anunció ante la recepcionista:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Buenas tardes, soy Grisha Voronin, vengo a ver al mariscal Zhúkov.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Señor, no tiene agendada la visita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Por favor llámelo, él me conoce, se alegrará de verme.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De acuerdo, espere un momento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Grisha esperó unos minutos y finalmente, la señorita le comunicó que subiera inmediatamente, que el mariscal lo esperaba con ansias. Sonrió abiertamente y se encaminó hacia el ascensor.&lt;/p&gt;&lt;h2 id=&quot;3-zhúkov&quot;&gt;3: Zhúkov.&lt;/h2&gt;&lt;p&gt;—¡El gran héroe nacional Grisha Voronin en carne y hueso! Es un placer volver a verte-. El vozarrón del mariscal aturdió a Grisha y su barba le raspó la oreja al devolver el abrazo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—En verdad han pasado muchos años, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Permíteme preguntar, ¿a qué se debe la visita? -preguntó Zhúkov, mientras señalaba dos sillones de su oficina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Quería visitarlo antes de despedirme, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Acaso te irás de viaje? ¿o se trata de una enfermedad? – preguntó el mariscal, visiblemente contrariado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Nada de eso –se rio Grisha- en verdad el viaje ya lo he hecho y jamás me he sentido más vivo en años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues entonces no lo entiendo- reflexionó el ministro, confundido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Le he traído un regalo, mariscal. De la guerra, es lo único que guardé y me gustaría que usted lo tuviera- dijo Grisha sonriendo, mientras recogía su mochila.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El disparo se escuchó en todo el edificio y en pocos segundos se desató el caos. Grisha estaba seguro de que moriría ese día, pero no se marcharía sin dar pelea. Se encaramó detrás del gran escritorio, y allí se defendió todo el tiempo que pudo. Finalmente, recibió varios impactos y se desplomó en el suelo, aun sonriendo. Jamás se había sentido tan vivo en años había dicho. Y era verdad.&lt;/p&gt;&lt;h2 id=&quot;4-grisha-vigilante&quot;&gt;4: Grisha, vigilante.&lt;/h2&gt;&lt;p&gt;La luz aséptica y albina de su habitación lo despertó. Se encontraba acostado en una gran cama de sábanas blancas, en una habitación espaciosa, con un televisor colgando de una pared. En una silla junto a la puerta, un hombre lo miraba sentado con un periódico en la mano. Se colocó unos anteojos y leyó:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—“Aún no son claras las intenciones del héroe caído, Grisha Voronin, tras el intento de homicidio realizado ayer en el Ministerio de Trabajo y Defensa. El excelente trabajo de las fuerzas de seguridad logró abatir al criminal antes de que este lograra asesinar a ningún inocente. Nuestro honorable gobierno lamenta la caída en desgracia del ex comandante de compañía Voronin y ha resuelto quitarle sus múltiples condecoraciones. Autoridades nos han afirmado que el cuerpo ya ha sido cremado y que ahora solo queda olvidarnos del asunto”- el hombre alzó la vista del periódico y continuó- el mariscal ha muerto hace un par de minutos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Entonces gano, y un hombre habrá cambiado el curso de una guerra entera- respondió Grisha sin abrir los ojos, de forma serena.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un hombre no puede cambiar nada si está muerto, y usted Grisha, está muerto- el hombre lo miró por encima de los anteojos-. Me encargué personalmente que así sea. No necesito que me explique sus razones, hay tiempo de sobra para hablar y hoy estoy ocupado. Llamaré a la enfermera para que le traiga la cena, debe comer bien y recuperarse rápido, cuanto antes mejor, así comenzamos a trabajar. Usted es una oportunidad excelente para probar los nuevos métodos. –El hombre se paró y antes de irse, encendió el televisor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la pantalla, el mariscal de defensa respondía las preguntas de la prensa acerca del atentado a su vida y repetía que no había resultado herido ya que era un hombre valiente. Grisha miró bien, y leyó que el cartel ponía “Mariscal Zhúkov”. Excepto que este hombre era calvo y tenía una voz suave y aflautada. Cuando lo entendió, rio con ganas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La enfermera acarreó la mesa con rueditas hasta la habitación indicada y al abrir la puerta dejó escapar un alarido aterrador. Sobre la cama, el paciente se había ahorcado con los mismos cables de la máquina que lo mantenía con vida.&lt;/p&gt;&lt;/article&gt;</content:encoded><dc:creator>Juan</dc:creator></item></channel></rss>